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El folclore más pesado y hostil de las copas internacionales en tierras brasileñas volvió a hacerse presente. En la antesala de un enfrentamiento trascendental por la revancha de las semifinales de la Copa Sudamericana, la delegación de Boca Juniors vivió una madrugada de tensión, sobresaltos y ruidos ensordecedores en los alrededores del hotel donde se hospeda en Río de Janeiro, a la espera del choque definitivo frente a Vasco da Gama en el Maracaná.

Cerca de las 3.30 de la mañana del martes, un grupo de torcedores del Gigante da Colina se congregó en las zonas aledañas al Hotel Windsor, situado en el moderno y concurrido barrio de Barra da Tijuca, para desatar un incesante despliegue de fuegos artificiales. 

 

  La hinchada de Vasco da Gama explotó varios fuegos artificiales en el hotel donde descansaba Boca Juniors

 

Esta clásica y molesta maniobra de hostigamiento nocturno, convertida tristemente en una costumbre para los equipos argentinos en cada visita al país vecino, cortó de golpe el descanso de los futbolistas y cuerpo técnico xeneize

La previa, con tranquilidad

Lejos de pasar desapercibida, la "visita" nocturna revolucionó las redes sociales y elevó aún más la temperatura de una serie que promete emociones al límite en el mítico estadio carioca. Entre la comitiva azul y oro se encuentra el presidente e ídolo del club, Juan Román Riquelme, quien horas antes había transitado con tranquilidad las calles de Río de Janeiro antes de este imprevisto despertar que pone a prueba el carácter y la concentración de un plantel enfocado únicamente en conseguir la ansiada clasificación a la final continental.