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El presente de Peñarol desencadenó una fuerte ola de cuestionamientos, y esta vez la voz crítica llegó desde las entrañas del propio club. El exdelantero y actual entrenador Carlos Bueno no se guardó nada al analizar el andar de la escuadra dirigida por Diego Aguirre y apuntó contra el nivel colectivo de la temporada. Para el ex atacante, la responsabilidad recae de forma directa en el vestuario, diferenciando el peso que deben cargar los futbolistas más experimentados frente a las promesas juveniles.

“Hay muchos que están en deuda, en el debe”, aseguró Charly durante una entrevista en Esto es Fútbol (Carve Deportiva), agregando de forma categórica: “No podemos pretender un chico de 19 años haga todo, gane los partidos, pida la pelota y driblee tres o cuatro”. En su lectura del juego, el ídolo aurinegro enfatizó que falta el empuje de carácter característico de la camiseta en las situaciones más complejas del año.

“No se ve rebeldía, un equipo que agarre la batuta y tire para adelante”, disparó, al tiempo que remarcó: “Es un equipo que no te demuestra esa entrega o esas ganas de ir para adelante como estamos acostumbrados nosotros”. Asimismo, cuestionó el bajo rendimiento en relación a las elevadas inversiones realizadas en el mercado de pases: “Hay jugadores que costaron mucho y se esperaba una cosa y, la verdad, es que están jugando muy mal”.

Pese al duro diagnóstico general, solo rescató la actitud del juvenil Leonel Jaime: “Es el único que se puede defender porque es un chico de 19 años que te das cuenta que pone el pecho, que pide la pelota, que quiere jugar, pero a veces solo no puede”

 

 Carlos Bueno hizo historia en Peñarol

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El análisis de Bueno se extendió también al contexto general del Campeonato Uruguayo y al plano institucional de la institución. Al evaluar el torneo local, dejó claro que el nivel general responde a un retroceso de las potencias tradicionales: “Pienso que los que bajaron fueron los grandes. Con lo que gastan no tendrían que estar pasando eso, sino que hoy tendrían que estar peleando los dos arriba y definiendo los dos”.

Por último, sobre el trabajo del DT y la convulsionada interna política del Mirasol, sostuvo que “a veces el jugador y el cuerpo técnico sufren un desgaste al cual necesitan un cambio, eso es clarísimo”, dejando la definición en manos de la directiva, mientras exigió unidad dirigencial de cara al plano continental: “Peñarol necesita gente que trabaje y que esté de la mano para lograr algo en lo internacional (...). Peñarol necesita unión. No tirarle mierda al otro, porque entonces, si estoy tirando mierda al otro, soy igual que el otro”.

El paso de Carlos Bueno por Peñarol

Bueno es recordado como uno de los máximos ídolos y referentes históricos del siglo XXI en el aurinegro, club donde se formó en las divisiones inferiores, debutó en primera división en 1999 y conquistó los Campeonatos Uruguayos de 1999 y 2003. Tras consolidarse como una de las principales figuras de la institución, se consagró como el máximo goleador del campeonato local en 2004 con 26 tantos, lo que impulsó su salto al fútbol internacional para jugar en el Paris Saint-Germain, el Sporting de Lisboa y Boca . 

El delantero regresó al club de sus amores para cumplir una segunda etapa entre 2008 y 2009, demostrando su característico temperamento y amor por la camiseta, y tuvo un fugaz retorno final en el año 2010 antes de volver a emigrar para sumarse a las filas de la Real Sociedad.

A lo largo de su trayectoria con la camiseta aurinegra, el atacante dejó una huella imborrable al registrar 112 goles en 226 partidos oficiales, una cifra que se eleva hasta los 160 tantos si se contabilizan los encuentros amistosos, lo que lo convierte en el máximo goleador oficial de Peñarol en el siglo XXI con 98 anotaciones. Más allá de sus extraordinarios números globales, "Charly" se transformó en un auténtico especialista en clásicos y en una pesadilla para el tradicional rival, Nacional, al marcarle 10 goles clásicos. 

Entre sus actuaciones más recordadas de la era moderna destaca el inolvidable triunfo por 4-2 del 11 de mayo de 2008, un partido consagratorio donde no solo aportó su cuota goleadora, sino que además desestabilizó al conjunto tricolor por completo, provocando la expulsión de varios futbolistas rivales debido a su imponente presencia física y mental en la cancha.